XX Festival Internacional Pirineos Classic
12 Julio 22 h. Concierto

EL MUNDO DE AYER [1904 – 1919]: TRES GRANDES SONATAS

Iglesia del Pilar · Canfranc-Estación

INTÉRPRETES

Israel FAUSTO · violonchelo
Carmen MARTÍNEZ-PIERRET · piano

PROGRAMA

Obras de Mel BONIS, Dora PEJAČEVIĆ & Henriette BOSMANS.

MEL BONIS | Francia
París, 21 de enero de 1858 – Sarcelles, 18 de marzo de 1937

Sonata en Fa Mayor, Op. 17 [1904]
I. Moderato quasi Andante
II. Très lent
III. Final: Moderato molto

DORA PEJAČEVIĆ | Croacia
Budapest, 10 de septiembre de 1885 · Munich, 5 de marzo de 1923

Sonata en Mi menor, Op. 35 [1913]
I. Allegro moderato
II. Scherzo: Allegro
III. Adagio sostenuto
IV. Allegro comodo

HENRIËTTE BOSMANS | Holanda
Ámsterdam, 6 de diciembre de 1895 – 2 de julio de 1952

Sonata [1919]
I. Allegro maestoso
II. Un poco allegretto
III. Adagio
IV. Allegro molto e con fuoco

NOTAS AL PROGRAMA

Mediante el conocimiento del pasado se hace más justo el presente.
Stefan Zweig, El legado de Europa.

¿Es justa la historia?, se pregunta Stefan Zweig [1881-1942] en uno de los ensayos reunidos por su editor alemán, Richard Friedenthal, en El
legado de Europa, bellísimo libro y auténtico testamento intelectual del gran escritor vienés, publicado en nuestro país por El Acantilado. Y su
respuesta es clara, contundente:

«…la historia, que debería ser desapasionada, clarividente y justa, también tiene la tendencia a posteriori de dar a quien en la vida real ya recibió en
abundancia […] engrandece a posteriori a los grandes, a los vencedores, y empequeñece o silencia a los vencidos. Sobre los famosos acumula además la leyenda a su fama real, y cada uno de los personajes grandes aparece en la óptica de la historia casi siempre mayor de lo que fue en realidad, mientras que a los incontables pequeños se les quita lo que se les agrega a los grandes. […] Por ello es necesario no leer la historia de un modo crédulo, sino con curiosidad y desconfianza, porque la historia secunda—de forma, por lo que parece, insobornable—la profunda inclinación de la humanidad a la leyenda, al mito, y, de
forma consciente o inconsciente, exalta a unos pocos héroes hasta la exageración mientras que deja caer en la oscuridad a los héroes de lo cotidiano.»

Lo cierto es que estas líneas parecen haber sido escritas pensando en las compositoras. Como expusimos en las dos pasadas ediciones del
nuestro festival –dedicadas a las compositoras olvidadas de la música clásica, bajo el título Rasgando el Silencio–, estas mujeres no lo tuvieron
nada fácil: las que llegaron —¿cuántas se quedarían por el camino…?— a componer y a ver sus obras publicadas e interpretadas tuvieron que
luchar a brazo partido con sus familias y/o con la sociedad patriarcal imperante, para poder desarrollar una razonable actividad como creadoras;
y, tras su muerte, la historia «oficial» de la música las trató como a los vencidos que evoca Zweig: las empequeñeció, las silenció, en definitiva, las
anuló. Lo que consiguieron en vida, con gran esfuerzo, todas aquellas «incontables pequeñas», la historia se lo quitó para, como afirma el escritor
austríaco, agregárselo a «los grandes», que no fueron otros que sus coetáneos masculinos. Lo que la historia de la música, con su inclinación «a la
leyenda, al mito», quitó a Fanny Mendelssohn, se lo dio a su hermano Félix; lo que arrebató a Mel Bonis o a Cécile Chaminade, se lo entregó a
Fauré o a Franck, and thus we could go on, así podríamos seguir. En efecto: la historia de la música exaltó a unos pocos «héroes», cuyos nombres
son de todos conocidos, mientras dejaba «caer en la oscuridad» a todas esas «heroínas de lo cotidiano». Porque, como afirma también Zweig en
¿Es justa la historia?, la leyenda «es siempre el enemigo más peligroso de la verdad, y por eso es nuestro deber examinarla continuamente y
acomodar el verdadero alcance a su medida histórica […] prestando la sincera y justa atención a los méritos reales.»

Stefan Zweig firma este ensayo en 1922, tres años después de que Henriëtte Bosmans compusiera su espléndida Sonata y cuatro años antes
de que vieran la luz sus Impressions; cinco años antes del fallecimiento de Luise Adolpha Le Beau que, descrita en su juventud por la Berliner
Neueste Nachrichten como «la mujer compositora más talentosa de su tiempo», había abandonado la composición en 1896 —tres décadas antes de
su muerte—, vencida por los innumerables obstáculos que hubo de afrontar; cuatro años después de que Nadia Boulanger, devastada por la
trágica y prematura desaparición de su genial hermana Lili —primera mujer compositora distinguida con el prestigioso Prix de Rome— y
atormentada por el síndrome de la impostora, decidiera dedicar su vida a la enseñanza, renunciando, como Le Beau, a componer; tres años después de que Rebecca Clarke tuviera que defender, encarnizadamente, la autoría de su extraordinaria Sonata para viola ante un mundillo musical
suspicaz, que no estaba dispuesto a aceptar que una obra de tal calibre hubiese sido compuesta por una mujer; y apenas unos meses antes de que
Dora Pejačević escribiese a su marido, en una carta premonitoria [la compositora fallecería de sobreparto en 1923] estas conmovedoras palabras:
«Espero que nuestro bebé se convierta en un gran ser humano — prepara su camino para ello […] Deja que crezca como una planta… si tiene
talento, aliéntalo… dale libertad cuando la busque… actúa así, tanto si es niño como niña; todo talento exige igual consideración, y esto no puede
ser cuestionado por razones de género».

Y cuando Zweig se pregunta ¿Es justa la historia?, ha transcurrido exactamente un siglo desde que Abraham Mendelssohn, padre de Fanny,
condenara a su hija al silencio avant la lettre con esta frase: «Si hubiese sido un hombre, habría podido hacer una excelente carrera». A pesar de
ello, Fanny encontró en sí misma —y también, afortunadamente, en el amor y el apoyo de otros dos hombres, su hermano Felix y su marido, el
pintor Wilhelm Hensel— la fuerza para seguir componiendo, como tantas otras compositoras a las que, año tras año, seguiremos rescatando del
olvido en el Festival Pirineos Classic.

El programa El mundo de ayer, que rinde homenaje al libro homónimo de Stefan Zweig, se articula en torno a una cifra: tres compositoras,
tres países, tres grandes sonatas para violonchelo y piano. Estas tres obras, de turbadora y singular belleza, fueron escritas durante las dos
primeras décadas del siglo pasado [época que retrata Zweig de manera magistral], concretamente entre 1904 y 1919; merecen, sin duda alguna, un
lugar de honor en el repertorio violonchelístico de todos los tiempos por su excepcional calidad.

Como escribe Zweig en otro de sus ensayos, La tragedia de la falta de memoria [1919], «Toda vivencia carece de sentido si es efímera y se
pierde de continuo; y toda verdad es inútil cuando vuelve a olvidarse». El momento actual nos parece especialmente adecuado, a nivel
cronológico, para recordar y honrar a estas tres compositoras: en 2022 se cumplen 70 años de la muerte de Henriëtte Bosmans, mientras que en
2023 celebraremos el centenario del fallecimiento de Dora Pejačević. En cuanto a Mel Bonis, el año 1922 —hace casi un siglo— marcó el inicio de
una década especialmente fecunda, en la que la compositora escribiría algunas de sus mejores obras de cámara, como la Sonata para violín y
piano o el Segundo Cuarteto con piano, en Re mayor.

LOS INTÉRPRETES

ISRAEL FAUSTO · violonchelo

Galardonado con prestigiosos premios nacionales e internacionales, Israel Fausto Martínez es uno de los violonchelistas españoles de mayor proyección internacional. Sus interpretaciones han despertado el entusiasta aplauso de público y crítica especializada, lo que le ha convertido en un artista invitado regularmente por los más relevantes auditorios y ciclos de conciertos.

Intérprete de gran versatilidad, cuyo amplio repertorio abarca desde el barroco hasta la música contemporánea de vanguardia, ha actuado como solista y camerista por países como España, Alemania, Estados Unidos, Holanda, Italia, Croacia, Inglaterra, Francia o Portugal. Ha realizado grabaciones para RTVE, Canal Sur, TCM y los sellos Perosi Musici y Naxos.

Nacido en Cuenca, comienza sus estudios con Francisco González y continúa su formación en Madrid bajo la tutela de María de Macedo. Becado por la Fundación la Caixa, obtiene en la Universidad de Indiana [Bloomington, EEUU] un Performer Diploma y un Master en Violonchelo, con los maestros Tsuyoshi Tsutsumi y Janos Starker. A lo largo de su formación ha recibido asimismo clases de artistas como Mstislav Rostropovich, Bernard Greenhouse y Gÿorgy Sëbok, entre otros.

Desde 2003 ocupa la Cátedra de Violonchelo en el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo de Sevilla, siendo uno de los pedagogos más solicitados a nivel nacional. Imparte regularmente clases magistrales y cursos de perfeccionamiento, y es invitado a formar parte del jurado de numerosos concursos, nacionales e internacionales.

Colabora en diversas publicaciones de divulgación musical especializada con artículos de contenido pedagógico o vinculado al violonchelo; y ha sido director artístico del Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina de Sevilla y del Festival Internacional Clásicos Colgados de Cuenca.

Entre sus proyectos profesionales más inmediatos destaca una serie de conciertos promocionales de su grabación de las Suites para violonchelo de J. S. Bach, así como la grabación de un doble CD que reúne el material pedagógico más significativo de la literatura del violonchelo.

Israel Fausto Martínez es también Doctor en Filosofía por la Universidad de Sevilla. Toca un violonchelo Georg Staufer de 1830.

http://israelfausto.com

CARMEN MARTÍNEZ-PIERRET · PIANO

—Una intérprete no sólo en su plenitud artística, sino en la plenitud interior que el oyente sensible percibe inmediatamente.
MUNDOCLASICO

De Carmen Martínez-Pierret, la prensa destaca su «profunda y auténtica sensibilidad» y su capacidad para revelar «la cara oculta de la música».

Siente predilección por los repertorios místicos, secretos –como la música de Mompou y de Satie–, y dedica gran parte de su tiempo y energía a la recuperación e interpretación de las obras de compositoras de siglos pasados. Participa en numerosos ciclos de conciertos y festivales, compartiendo escenario con eminentes músicos: Emmanuelle Bertrand, Gérard Caussé, Clara Cernat, Lluís Claret, Christophe Coin, Guillaume de Chassy, Hélène Delavault, Michel Lethiec, Alain Meunier, Aurèle Nicolet, Pavel Vernikov, Quatuor Prima Vista y Orchestre de Chambre de Toulouse, entre otros. Artista ecléctica, ha creado proyectos transversales con actores como Lucia Bosè y Didier Sandre [de la Comédie Française], el cantautor Joan Manuel Serrat o el compositor Fernando Palacios.

La discografía de Carmen Martínez-Pierret refleja su compromiso musical y su personalidad inclasificable. Su grabación de la Música Callada de Mompou [sello La nuit transfigurée] ha sido distinguida por la crítica como «un trabajo exquisito, […] una versión a la altura de las que eran hasta ahora de referencia, [incluso] la del propio Frederic Mompou».

Carmen Martínez-Pierret es Profesora Superior de Piano en ESMAR [Valencia] y Directora Artística de los Festivales Pirineos Classic y Jazzetania [Canfranc, Pirineos].

www.carmenmartinezpierret.com